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8 Eyeunle
Dedere Labolá dedere Labbochín la Bora lentín Ekó Didelo Ir Lodafún Ibolatín Loloda Awé Ewé Olasé Lada Aboyún Anofé Obí Tibe Iré Okualu Bulubú N’Baye Babá Oko Koloso Babá Oro Oto Ta Yepa.
Refranes
- Este rio y el otro tienen un solo rey, el mar.
- La cabeza lleva al cuerpo y un solo Rey gobierna un pueblo.
- La terquedad, el mal carácter y la soberbia destruyen y desintegran todo. No vaya por el mundo construyendo y destruyendo
Mano para pedir
izquierda
En Iré
La cabeza lleva al cuerpo y un solo Rey gobierna un pueblo.
Este signo habla de integración, de la capacidad mental, liderazgo, del mandato, toda la capacidad del mundo utilizando la cabeza, a través del cálculo, análisis, la definición, porque Eyeunlé nos dice que para poder ejecutar primero debemos analizar y discernir para poder acertar. No se puede pensar con el corazón sino con la cabeza, por lo que no se puede ser emocional, todo hay que pensarlo para poder decirlo. Es el signo de la emoción, en este signo se dice que se concreta todo el cuerpo, o sea representa la integración de uno mismo, por eso la persona debe vivir entregada a la cabeza. Signo donde nace la presentación de los animales a los Orishás. Entonces Eyeunlé nos dice que hay que integrarse para poder funcionar bien, se tiene la capacidad de usar su inteligencia. Nos habla de paz, humildad, tranquilidad, sosiego si existe integración en la persona. En Eyeunlé existe el poder de la concentración positiva, por eso se dice que este signo es humildad y paciencia, la persona es inteligente, tiene una gran capacidad de aprendizaje, nace para ser líder. Eyeunlé por su capacidad es el ODDÚN de mayor jerarquía. Eyeunlé es la prolongación de la vida, es el signo que se representa con el sol y la luna. Por eso nace que una sola deidad gobierne una cabeza.
Son líderes con una gran capacidad intelectual, se caracterizan por su gran sentido de responsabilidad y humildad, son íntegros y suelen ser ejemplos de moralidad, lo que los hace merecedores del respeto de la comunidad. Poseen sentimientos positivos, paciencia y honradez en los negocios. Su poder de organización los convierte en buenos jefes. Su lealtad y consideración, unidos a otras cualidades hacen de ellos buenos hijos, buenos padres y buenos amigos. Normalmente llegan a una edad avanzada.
En Osogbo
La terquedad, el mal carácter y la soberbia destruyen y desintegran todo. No vaya por el mundo construyendo y destruyendo.
Este signo nos dice que es la pérdida de la capacidad de definir lo bueno de lo malo, lo que si de lo que no, porque al no tener paciencia no nos podemos integrar. Signo de la desintegración, para el santero en este signo en negativo le dice que a la persona, le cuesta integrarse en la religión. En Eyeunlé el mundo está formado como el cuerpo, por varias partes, en este signo no se puede repudiar a nadie, la persona se desintegra personal, social, material, sentimental y laboralmente, etc. Su enemigo más grande es la emoción, la persona fracasa por no calcular, discernir, definir, por ello la persona corre el riesgo de quedarse sola sino usa su cabeza, ya que las emociones se encuentran en el corazón, por eso se dice que no hay que echarle la culpa al cuerpo si no se sabe usar bien la cabeza.
Ejemplo: en Eyeunlé Tonti Eyeunlé (8-8) dice amigos inseparables que se separan. Esto nos indica que la persona tiene que balancear su vida en dos partes en el cuerpo y en la cabeza, porque la persona debe tener integridad, no debe ser soberbio, vanidoso, orgulloso, la persona pierde todo en la vida por culpa de su misma cabeza. Signo extremista, de la vida a la muerte, no tiene términos medios, signo que representa la escalera, signo donde se pierde la capacidad de deducción, se es fantástico, agitador, revolucionario, exaltado, ferviente, radical. Por ello hay que verle la trayectoria a la persona para poder analizarla. En este signo nace el rechazo, el arco, las quejas, las lagrimas, por ello es que el sentimiento es su peor enemigo, la cabeza es el balance del cuerpo, Eyeunlé en ambas posiciones, es humildad y paciencia, este signo nos manda a querernos a nosotros mismos, para no perder posición en la vida, para que no nos destruyamos, ya que nadie nos va a dar posición. Siempre vamos a sufrir envidia, por eso nos manda a hacer cabeza y no cola de nadie, ya que Eyeunlé es el signo mayor de los mayores, por ello siempre va a estar en constante lucha.
Eyeunlé en segunda posición no permite que nadie lo gobierne o lo mande, son personas arriesgadas, tienen que ser cuidadosas de su cabeza con respecto a cosas que lo puedan perturbar, ejemplo: Licor, drogas, ira, cólera, rabias, orgullo, emociones fuertes.
Signo de sufrimiento, en segunda posición no se puede perder el control se tiene que pensar mucho las cosas, el orgullo y la vanidad confunden a la persona, haciéndola creerse superior a los demás, trayéndole como consecuencia el fracaso.
Les gusta mandar y que no los manden. Son voluntariosos y sobre todo testarudos. No tienen términos medios, por lo que suelen ser extremistas. Le temen a soledad aunque no lo admitan, si no lloran por fuera, lloran por dentro. No son personas humildes; por el contrario suelen ser altivas y no les gusta la mediocridad. No entienden que otros carezcan de su misma capacidad, se les debe prohibir decir “Yo sé”, y recordarles que no lo han hecho todo, ni lo saben todo. Son personas tercas y no olvidan ni lo bueno ni lo malo. Viven muchas veces en el pasado y son injustas con los demás. Frecuentemente padecen de impotencia no sólo en el orden sexual. Cuando no pueden hacer su voluntad se deprimen con facilidad. Se dejan arrastrar por sus emociones. Su emotividad negativa destruye su capacidad intelectual.
El secreto de la felicidad no está en hacer siempre lo que se quiere, sino en querer todo lo que se hace.
Si trae…
- Si trae Ano: Padecimientos del vientre, de las piernas, calambres, dolores y padecimiento de la vista. Cólicos. Especial atención a la garganta. Postración por largo tiempo. Parálisis. Padecimientos de la cabeza y el corazón en general.
Patakíes
Obatalá, rey paciente
Dice Oke, mensajero de Obatalá, rey paciente, que hay que saber esperar. A veces por precipitarse y ponerle fin antes de tiempo a una situación difícil, se pierde la bendición. Obatalá no pensaba en la incomodidad. Cuando cosechaba, sus compañeros comían con él. En la casa él era quien limpiaba y arreglaba. Ocho socios de negocio vivían en la misma casa. Obatalá era quien compraba y vendía, pero todos compartían las ganancias.
A Babá le daban cualquier caridad que ellos estimaban conveniente, y él nunca protestó. Después de un tiempo, el primer socio se fue, y más tarde se marcharon uno a uno los demás. Solo Obatalá, quien no pensaba en el sufrimiento, se quedó. Reunió las cosas que habían dejado sus compañeros y se hizo rico. Dice el caracol que una sociedad acarrea sufrimientos, que un bosque cerca del pueblo recoge basura y que un cuarto compartido desarrolla gusanos.
La muerte y la serpiente
Dice Orunla-Ifá, el sabio, que la mezquindad enferma el cuerpo y el alma. Eleguá le dijo a Ikú, la muerte, que debía ofrecer un manto teñido pálidamente, dinero, una paloma, una jutía y un azadón roto como sacrificio contra las pequeñas enfermedades. Ikú ofreció el dinero y la jutía, pero no sacrificó ni el azadón roto, ni el manto, ni la paloma.
La cantidad incompleta de la ofrenda no le permitió levantarse. Cada vez que intentaba hacerlo, era derribado con el azadón roto que no quiso ofrecer y la enfermedad lo visitaba de nuevo. Ikú no murió, pero la enfermedad no le permitió disfrutar la vida. Cuenta el caracol que la serpiente quiso vivir erguida y no cumplió con el sacrificio indicado por Eleguá, por eso se arrastra y aunque muda su piel cada año, nunca podrá levantarse.
El hijo malagradecido
Dice Orunla-Ifá, el que descifra los destinos, que a veces perdemos el rumbo y solo pasando por una prueba muy dura volvemos a recuperarlo. Obatalá quería que su hijo lo sirviera solo a él, pero el muchacho se fue al monte y dejó de ocuparse de Babá.
Obatalá le tendió una celada y el hijo cayó en la trampa, quedando impedido para caminar. Orunla le indicó que debía ponerse en manos de Obatalá y confiar plenamente en él. Babá le dio un punzón y le mandó a trabajar. Aunque no podía caminar, se volvió un gran artesano sentado en su estera. Dice el caracol que debemos servir a Obatalá fielmente.
La protección de Obatalá
Dice Oke, la montaña, que quien pertenece a Obatalá, el mayor de los dioses, nada puede perturbarlo. Lajumi estaba preocupado por su destino y Orunla-Ifá le indicó que ofreciera dinero, plumas y un manto blanco a Obatalá.
Después de rendir homenaje y servir a Babá, todo lo que hacía Lajumi se completaba en el día. Nadie lo molestaba ni sufría daño alguno. Su vida era agradable y su destino estaba en orden. Dice el caracol que Babá nunca permitirá que el sufrimiento destruya a sus hijos.
La tierra, el fuego y la oscuridad
Cuenta Egun, el muerto, que en el principio del mundo la oscuridad era mujer y esposa del fuego. La tierra la deseaba y ofreció dinero, un paño negro, plumas y dos jutías para conquistarla.
La tierra se adueñó de la oscuridad y el fuego, cansado de buscarla, abandonó la persecución. Gracias a Eleguá se supo dónde estaba. Dice el caracol que así la tierra arrebató la oscuridad al fuego.
Orunla y los dieciséis males
Cuenta Obatalá que a Orunla-Ifá le gustan los proyectos difíciles y que usando inteligencia y buena voluntad sale airoso de los mayores peligros. Antes de establecerse donde vivían la muerte, la enfermedad y los dieciséis males, ofreció sacrificio a los Orishas.
Cuando los males fueron a visitarlo con malas intenciones, Orunla los atendió con comida, bebida y respeto. Por su conducta, los males prometieron no dañarlo. Desde entonces, cuando alguien está destruido por problemas o enfermedades, llama a Ifá y los males se alejan. Dice el caracol que todos los males del mundo perdonaron a Orunla.
Aprendiz de sabio
Cuenta el caracol que el hijo del dueño de la tierra recién creada fue aconsejado a no ser codicioso y a servir a sus mayores. Vivió ocho años con cada uno de los dieciséis mayores, sirviéndolos como un niño y aprendiendo su sabiduría.
Cuando terminó su aprendizaje, regresó a su casa como heredero y transformó su sabiduría en riqueza. Le enseñaron que no necesitaba perseguir el dinero, porque la sabiduría es todo lo que busca. Dice el caracol que su vida transcurrió placenteramente.
Eleguá y los tres mil doscientos dioses
Cuenta el caracol que al principio del mundo tres mil doscientos dioses fueron a recibir sus poderes. Eleguá, sin tierra ni trabajo, llegó primero y ayudó a su padre durante dieciséis años aprendiendo a crear al hombre.
Por su dedicación, fue puesto en la encrucijada y todo aquel que quisiera ver al padre debía darle algo primero a Eleguá. Así se hizo más grande que sus hermanos mayores. Dice el caracol que los perezosos viven del conocimiento ajeno y que solo los tontos no saben manejar sus asuntos.
El sacrificio de Orunla
Dice Obatalá que a veces para hacer un bien hay que pasar por un trago amargo. Orunla-Ifá quiso iniciar a Eleguá, pero no tenía dinero y dejó a su hijo Amosu en prenda para poder cumplir.
Después de la iniciación, Orunla prosperó y pudo rescatar a su hijo. Dice el caracol que si no soportas el sufrimiento capaz de llenar una cesta, no recibirás la bondad que cabe en una taza.
El mercado del dolor
Dice Obatalá que quien quiera lograr algo valioso en la vida no debe huir de lo que requiere paciencia. Orunla-Ifá fue tres veces al mercado llamado soportar el sufrimiento y salió cargado de riqueza.
Ogún intentó entrar con engaño y violencia y nunca pudo descansar tranquilo. Dice el caracol que los atajos no conducen a la meta deseada.
Ifá, la riqueza y la cabeza
Dice Obatalá que la cabeza es la única que puede hacer rey a un hombre. Orunla quiso casarse con riqueza y ofreció sacrificio a su propia cabeza.
Cuando olvidó darle crédito a su cabeza, fue corregido. Al reconocer que la cabeza es la que hace a un hombre de un niño, pudo disfrutar verdaderamente la vida. Dice el caracol que la cabeza gobierna el destino.
La reina de las aguas
Dice Obatalá que no debemos intimidarnos por el sufrimiento ni por los insultos. Olokun ofreció sacrificio y recibió pacientemente toda la basura que los ríos arrojaban al mar.
Con el tiempo se hizo más grande que todas las aguas. En pago a su paciencia, Olokun llegó a ser la reina de las aguas. Cuenta el caracol que la grandeza nace de la resistencia.